Optamos por las herramientas…

December 9th, 2007

Son las siete de la mañana. Navegamos  con el espi grande y toda la mayor. Sube el viento, voy a poner tanques de agua a popa para estabilizar, pongo el piloto, el barco se va de arribada , antes de trasluchar se va de orzada, resultado el espi a2 parece que ya se ha enfrentado a la guadaña. Dos horas para recoger los jirones de tela que cuelgan del casco. Ponemos el espi más pequeño, a los diez minutos con Jonathan a la caña, el barco se va de orzada yo estoy en proa luchando con un grillete ¿Qué coño pasa? We have a problem with the rudder. Miro el timón de sotavento y lo veo fuera del agua, parece que la guadaña ha cortado algo más que velas, La pala del timón se ha arrancado de la cajera. Lo primero que me pasa por la cabeza, es enfilar para Sudáfrica, Jonathan empieza a hacer llamadas por teléfono… Optamos por las herramientas. Sacamos el timón, lo metemos dentro, estamos navegando a 16 nudos con el timón de barlovento, cada vez que el barco escora sale del agua y el barco se va de orzada descontrolado. Desmontamos el resto de piezas, las laminamos. Al cabo de 5 horas (llevo 24 horas sin dormir) comenzamos a montar la cajera. Laminar con las olas es casi imposible, hemos tenido que poner una vela a forma de carpa con el hornillo de gas para que catalice el epoxy. Un golpe de mar se lleva la pieza que estamos montando. Total: hay que hacerla de nuevo. El montaje es digno de una película de Tarantino, cuando conseguimos colocar el timón, con gran riesgo para nuestra seguridad, vemos que una driza se ha clavado dentro de la cajera del timón. Lo volvemos a sacar. Estamos agotados, las olas nos pasan por encima y al final catacrak, una ola lo arranca de la caja. Jonathan salta fuera del barco, se queda colgado y de una patada, por fin, lo mete dentro. Yo le doy con el winche, aunque está resquebrajado. De momento aguanta, ya veremos por cuánto tiempo.

Estamos navegando con 40 nudos de viento a 25 de velocidad. Vamos al límite, si se ha de romper que rompa ahora. Se hace de noche,  el barco va descontrolado, No sé el motivo, pero me río, suelto una carcajada. Jonathan me mira incrédulo free alltel music ringtones | free verizon cell phone ringtones | free get ringtones | ctu free ringtones | free ringtones for cricket phone | free new ringtones | download free samsung ringtones | free arabic ringtones | free ringtones verizon | download free maker ringtones | cell phone ringtones | free real music cingular ringtones | verizon lg ringtonesкомпютри | download polyphonic ringtones | free phone ringtones | free polyphonic ringtones download | free nokia ringtones tracfone | free polyphonic ringtones download | cellular phone ringtones | celcom malaysia caller ringtones | y también se ríe. Nos reímos a carcajadas hasta que sin fuerzas nos dejamos caer exhaustos en la bañera.
-Guillermo, ¿hemos bailado con la Parca?… Sólo nos falta una sirena y parecería la ambulancia  del frenopático.

He llamado a PRB para darles ánimos. Se van para Ciudad del Cabo. Se acabó la regata para ellos. ¿Quién será el siguiente?

También he hablado con Patxi, del Mutua. Me dice, no sé si en broma o en serio, que podríamos navegar cogidos de la mano, por si acaso, hasta Hornos, y a partir de allí que gane el mejor.

El barco va como dentro de un tubo de lavado, sólo espuma y agua saltando a metros de altura

December 9th, 2007

8 de diciembre 

4 de la mañana, treinta nudos de viento, veinticinco de velocidad… El barco va como dentro de un tubo de lavado, sólo espuma y agua saltando a metros de altura, en las últimas 24 horas hemos sido el primer barco en pasar la barrera de las 400 millas. No está mal, pero ha sido a costa de no dormir y tener que llevar el timón 12 horas cada uno, porque el piloto automático hoy ni se ha asomado.

Cuando te metes en el interior los ruidos parecen los de un zoológico, a 18 nudos asoma el león, son la velocidad del agua entrando en las cajeras de la orza de sotavento, cuando superas los 25 nudos el ruido se hace más agudo y aparece el chimpancé, a veces uno de los timones coge aire con la velocidad y por unos momentos emula el grito de una hiena, y a todo esto el barco sigue como una leonera. No tenemos tiempo para adecentarlo, o cuando lo hacemos una brusca escorada con una bestial aceleración envía todo lo que no está sujeto al otro lado, saliendo como proyectiles. Espera, ahora oigo una especie de violín, creo que es la entrada de agua de los tanques de contrapeso. Afino el oído… parece que están tocando noche de paz. Joder, aparece el león otra vez y se fue la música. Me voy a descansar.

El timón de estribor ha saltado por los aires

December 8th, 2007

Hace media hora el timón de estribor ha saltado  por los aires… Está difícil la cosa…

Luchando contra los elementos

December 5th, 2007

PUBLICADO por primera vez en El Periódico el 3 de diciembre 2007  

No recuerdo el nombre de aquel almirante que dijo en- (tampoco recuerdo en qué batalla) “no he venido a luchar contra los elementos”, mientras contemplaba cómo se hundía la que en su día se llamó la Armada Invencible. Pues ya ves, nosotros sí hemos venido preparados para enfrentarnos a los elementos, pero los elementos a los que me tendré que enfrentar no están aquí, a bordo del Estrella Damm, sino muchas millas atrás, y tendré que esperar a que termine la regata.

Winston Churchill dijo: “No te rindas jamás”. Es muy fácil soltar eslóganes heroicos sentado en un cómodo sofá detrás de una mesa de despacho y con un puro de un palmo en la boca. De todas maneras, no creo que ni uno ni otro dijeran nada de todo lo que se cuenta: eso es cosa de los historiadores.

SE HA ROTO la unidad de transmisión de la electrónica del viento y me toca a mí subir arriba del palo. No hay mucho viento, pero sí olas que, a 30 metros de altura, te zarandean como a un muñeco. Con grandes esfuerzos, Jonathan (mi compañero de barco) consigue izarme hasta arriba en sólo 10 minutos. Yo no puedo ayudarle, ya que tengo las manos ocupadas aguantando todas las herramientas que necesito para la reparación, incluido un largo palo de carbono lleno de piececitas que se rompen sólo de mirarlas y de las que no tenemos más repuestos. No entraré en detalles de para qué necesitamos todo esto de la electrónica, pero es importante.

En torno al cuello llevo un rollo de cable eléctrico con un conector nuevo. Conecto el cable entre bandazo y bandazo del barco, que hacen que me estrelle contra el palo con una frecuencia de 5 veces por minuto. Le hago una señal a Jonathan con la cabeza para que me ice un poco más. No le puedo hablar porque tengo dos tornillos en la boca. La señal se la debo haber hecho en castellano porque mi compañero, en lugar de izarme, me arría unos metros. Resultado: me quedo colgado por el cuello con la consiguiente asfixia, sin poderme ayudar con las manos, porque soltar las herramientas significaría, además del riesgo de perforar la cubierta, perder las preciadas piezas o, lo que es aún peor, que la llave inglesa o el destornillador le caigan a Jonathan en la cabeza. En este caso, sin nadie que me bajara de ahí arriba, es probable que siguiéramos en regata hasta que algún pesquero por los mares de Tasmania diera con nosotros, con mi cadáver colgado a 30 metros de altura y el de Jonathan tumbado en cubierta, con un destornillador clavado en la cabeza. Ya me imagino los titulares en los periódicos: “Guillermo Altadill mata a tripulante en un arrebato clavándole un destornillador y después se ahorca del palo mayor”.

POR SUERTE, supongo que será por el color morado de mi cara o por la exhibición de break dance, me vuelve a izar y vuelvo a respirar. Cuando bajo a cubierta, ninguno de los dos hace el más mínimo comentario. Estamos eufóricos. Acabo de nacer, así que me meto en la cocina y le preparo a Jonathan unos huevos (liofilizados, claro está) con chorizo. Mirándolo de reojo mientras los devora, me parece ver que se le salta alguna lágrima, supongo que de placer o de agradecimiento, quién sabe.

Pasan los días y los desgarros se suceden uno tras otro. Cada vez que nos preguntamos qué más nos puede pasar, nos sale otra avería. La última ha sido la más terrible de todas. La potabilizadora ha muerto, y sin agua no podemos sobrevivir. Nos quedaban dos litros, pero en el momento en que hemos sido conscientes de la avería, nos hemos lanzado como locos a las botellas y nos las hemos bebido de un trago, presos de una sed indescriptible.

Decidimos parar en la isla de Fernando de Noroña (Brasil). Nos comunican por radio que la reparación tardará como mínimo 30 horas. Ni de coña. Decidimos seguir. Ya lo solucionaremos de alguna manera. Al fin y al cabo, sería el colmo de la ironía que nos muriéramos de sed en un barco que lleva el nombre de una afamada cerveza.

Si alguien ha preguntado por el piloto automático, solamente puedo decir que merece un capitulo aparte. Puedo anticipar, sin embargo, que es uno más de la tripulación, ya que nos repartimos ocho horas al día cada uno al timón. Lo peor es cuando se cansa y decide poner el barco mirando para Albacete.

POR ÚLTIMO, que nadie piense que tememos la moral en la sentina. Todo lo contrario, está por la perilla, en lo más alto del palo. Al fin y al cabo somos profesionales, lo importante es ganar, pero no por la gloria y la fama, que eso me resbala. Es porque es mi trabajo y porque se lo debo a toda la gente que ha apostado por mí. Y pienso que, sin todos estos contratiempos, la vuelta al mundo sería un aburrimiento.

¡Ah! Se me olvidaba. En las calmas ecuatoriales hemos visto la estela por la proa. Sencillamente desesperante. 

Al timón no le gusta que hable con desconocidos.

December 4th, 2007

Parece que estos días le está dando más el sol a la quilla que a la perilla. La última vez ha sido durante la videoconferencia del lunes día 3: En el momento que he empezado a hablar, Jonathan me ha sustituido en la bañera, y antes de que pudiera hacerse cargo del timón, el piloto automático en un ataque de celos ha decidido poner el barco boca mirando a Albacete. A Pedrito (el hijoputa) que es como llamo al timón no le gusta que hable con desconocidos. A este paso acabaremos como en la película “2001 Odisea del Espacio”, intentando desconectarlo, por nuestra propia seguridad. El hecho es, que lo trato con todo el cariño del mundo, y le hablo con respeto a pesar de que sea un hijoputa.  Bien, el resultado del Broaching ha sido una cajera del timón rota, que Jonathan se ha apresurado a laminar. No pasa nada.  Ahora tengo que subir al palo a cambiar una driza. Están entrando olas grandes y hay que hacerlo antes de que lo sean demasiado.  

Hasta pronto. Espero.

La normalidad, a bordo, no existe

November 28th, 2007

PUBLICADO por primera vez en El Periódico el 26 de noviembre 2007 

Son las 6.30 de la mañana. Amanece por babor. La estela, por la popa. “Putamadre, vamos bien”, me digo. Lo contrario sería fatal. Si el sol saliera por estribor significaría que vamos en dirección contraria, y si la estela estuviera en proa estaríamos navegando marcha atrás. Así se navegaba hace 1.000 años; no dependían de gps, ni de compases giroscópicos, ni de correderas y ordenadores que nunca dan la información que les pides o están averiados. Las estrellas, el sol, el color del mar, las corrientes, el fondo, son elementos que la naturaleza, concretamente el mar, pone a tu disposición para que los leas, los interpretes para que puedas llevar el rumbo. Ellos no fallan, pero el progreso y la técnica los han arrinconado: espero que Poseidón no nos lo tenga en cuenta.
La vida a bordo transcurre con normalidad. O sea, un incidente detrás de otro. Los desgarros y averías aparecen por orden alfabético y estamos agotados. Cuando no es el generador, es un winche; cuando no, la electrónica y, como siempre, el generador. Las relaciones con mi compañero no pueden ser mejores; o sea, no existen. Casi nunca nos vemos. A veces veo medio cuerpo que se asoma de la sentina donde se halla metido continuamente, intentando reparar el generador o manipulando llaves de paso o yo qué sé.
LA OTRA NOCHE me crucé con él en cubierta, intercambiamos una mueca como saludo que de por sí ya lo decía todo: buenas noches, qué tal te va… Jonathan es el compañero perfecto para esta regata. No habla mucho, por no decir nada, y yo soy también hombre de pocas palabras, así que la relación es perfecta; o sea, nula –fuera de lo profesional, claro–. Es la única forma de llevarlo tanto tiempo en estas condiciones. Lo demás son monsergas. No hemos venido a hacer amigos. Cuando esto acabe, nos daremos la mano, apretaremos con fuerza y yo le diré: ‘hasta otra, compañero’, y él contestará: ‘que sea pronto’. En un barco he visto de todo: desde ser grandes amigos a no hablarse nunca más hasta fraguar una amistad inquebrantable tras ser enemigos. El mar pone a cada uno en su sitio.

ESTAMOS comiendo en la bañera. Mi comida es verde; la de Jonathan, de color… Bueno, necesitaría una carta de colores del pantone para definirlo, pero debe estar bueno a juzgar por la velocidad con que la engulle. De vez en cuando, mi compañero me mira de reojo; no sé si a mí o a mi bol. Por si acaso, engullo mi alimento a igual velocidad. Mientras comemos, una gran sombra negra cruza la cubierta. Debe ser algún pajarraco, un cormorán o una gaviota, o vete tú a saber. Seguimos la sombra con la mirada, pero ninguno de los dos cree que valga la pena el esfuerzo de levantar la cabeza. Nada que nos interese puede venir del cielo. Solo del mar.

NAVEGAMOS con poco viento. Esto nos obliga a maniobrar constantemente con la embarcación para aprovechar las roladas: Es agotador: sacar una vela, izarla, volver a subir otra (pesan un montón, igual que lo que valen) y cuando parece que lo tienes todo listo, cambio de viento y vuelta a empezar: un par de blasfemias al viento y a seguir trabajando para sacar unas décimas de nudo al Estrella Damm.


He dormido dos horas de un tirón. Me asomo a cubierta. Amanece por babor, la estela sigue en popa.
Putamadre, vamos bien”.

Ya no sé ni cómo me llamo

November 22nd, 2007

PUBLICADO por primera vez en El Periódico el 19 de noviembre 2007 

Cuando me pidieron que escribiera para EL PERIÓDICO esta columna mientras estoy compitiendo en la Barcelona World Race, me dijeron que lo enviara los viernes. Pese a que salimos de Barcelona el pasado 11 de noviembre, ya no tengo ni idea de qué día de la semana es. Una de las razones de que me ocurra esto es que desde que salimos me he despertado de pequeñas cabezadas de sueño 18 veces. Si una persona normal se levanta y se acuesta una vez al día, navegando la vuelta al mundo a dos te levantas y te acuestas seis veces al día. A ver quién se acuerda de cuantos días han pasado cuando se pierde la referencia de días y noches.

Los romanos ya usaban la privación de sueño para torturar a sus enemigos y que cantaran como un jilguero. Lo llamaban tormentum vigiliae; parece ser que cuando estás ya bastante perjudicado, hay momentos que se tienen crisis de personalidad, o sea, que no sabes ni quién eres. Pues bien, la pasada noche por unos minutos se me olvidó mi segundo apellido; por cierto, no me acuerdo en absoluto de para qué lo necesitaba saber, aquí en medio del mar, ni en qué estaba pensando.

LA VIDA a bordo del Estrella Damm es un no parar de cambios de velas, maniobras, controlar las posiciones de nuestros contrincantes y conseguir partes meteorológicos; por si fuera poco, el generador se ha estropeado. Si quieren saber para qué se necesita este aparatito, les diré que entre otras cosas es el que nos da de beber, porque carga las baterías que alimentan la potabilizadora de agua, los sistemas de comunicación, los sistemas de navegación, en fin, todo lo imprescindible en un barco. Para abreviar: sin él, eres hombre muerto.

Llevamos dos días intentando que la criatura responda, aunque sea unos gorgoritos típicos de un generador pequeñito, pero no hay manera; bueno, en realidad es Jonathan, mi compañero de penurias el que está al frente de esta misión, porque yo no distingo entre un generador y una caja de zapatos. Mientras, yo estoy en cubierta llevando el barco e intentando acordarme de mi segundo apellido, que bastante tengo, además de llevar la navegación, que desde la salida ha sido como una partida de ajedrez: si me muevo para allí, el viento rola y resulta que el otro lo coge del otro lado y me mata; en fin, una complicada jugada a varias bandas con resultados inciertos.

Esperábamos que al salir del Mediterráneo la partida se pusiera fácil, pero no ha sido así, y a la falta de sueño se ha añadido un gran dolor de cabeza de pensar a tres bandas. Será que no estoy acostumbrado a hacerlo ni a una.

HOY HE TIRADO la casa por la ventana y me he cambiado de calcetines. Cuando me he sacado las botas, que llevaba puestas desde el día 11, me han entrado unas arcadas de aúpa. Perdonen las referencias, pero es que justo antes de salida y andando por el Moll de la Fusta me paró una venerable señora y me dijo dulcemente que qué suerte tenía de dar la vuelta al mundo en un yate, que debía ser muy bonito e interesante, y que me envidiaba. Si la buena señora llega a verme hoy, sin afeitar, con un mono térmico parecido a un pijama de bebé y con ese olor, o no me reconocería o creería que la vuelta, en lugar de al mundo, la doy a una piara de cerdos.
Mientras escribía, y tras 12 horas de intenso trabajo, el generador ha empezado a ronronear y por fin podemos cargar las baterías, que estaban a la última. Ahora nos podremos concentrar en la regata y dormir un poquito más, a ver si se me aclaran las ideas y logro dar jaque a los dos barcos de delante.

Desde el Atlántico Norte: “Me he alegrado del monótono ronroneo [del generador]”

November 16th, 2007

Hola a todos:

Os escribo desde el Atlántico Norte, tras haber dejado el Estrecho de Gibraltar por popa hace unas 30 horas, y la verdad es que estoy agotado. Durante las dos últimas noches no he parado, ha sido muy duro. Estoy comenzando a percibir que me fallan un poco las fuerzas. Debido al poco descanso y que este ha sido en muchos periodos de cortas duración, incluso he perdido la referencia de cosas tan usuales como el día de la semana en que vivo.

Para empeorar las cosas sufrí una indisposición los dos primeros de regata, con mareos, vómitos, fiebres y…., con tal mala suerte que cuando yo me recuperé Jonathan empezó a sufrirla.

Abordo llevamos un ritmo de trabajo incesante, pues las condiciones de esta primera fase nos han obligado a cambiar mucho de velas y efectuar miles de maniobras. Algunos días virando en ceñida y otros trasluchando en empopada. Este trajín de velas y maniobras a destajo se une a las tareas más rutinarias como la navegación, controlas a los contrincantes y tratar de “vivir”, aunque la palabra adecuada que de momento mejor definiría la situación es sobrevivir. Si a lo anterior le añadimos los problemas que nos está dado el generador eléctrico, os haréis una idea de nuestro estado. Sin “chispa” no funcionamos, pues precisamos energía para la mera supervivencia como la fabricación de agua potable, pero también para que el Estrella Damm compita a tope: navegación, información meteo. Y por supuesto para las comunicaciones y poderos mantener informados en primera persona.

Esta mañana el generador a empezado a funcionar, e incluso me he alegrado de su monótono ronroneo. Jonathan se está ocupando del problema, porque a mí me toca más la responsabilidad de la meteo, la ruta y la estrategia. Una ecuación que desde la salida está resultando complicada y muy difícil, pues el viento parece querer torturarnos con sus continuos cambios. Espero que se canse pronto y nos de un poco de tregua.

Guillermo Altadill
Atlántico Norte
16 de Noviembre 2007

Artemio Challenge

August 10th, 2007

Estoy muy contento del rendimiento del barco, el equipo de construcción ha hecho un trabajo excelente, y ahora  nos toca a Jonathan y a mi demostrar que el barco es uno de los más rápidos.

 

Ayer fue una regata de entrenamiento pero que nos permitió medirnos con barcos como el nuevo Pindar, cuando habíamos pasado las islas Needles  me gire para ver si los teníamos controlados y vi como su palo se partía por la mitad cuando intentaban forzar el barco para acercarse a nosotros  con el código 0, lo siento por ellos deben ser frustrante  . Desde hace semanas estoy trabajando para que esto no nos pase y tener un palo de recambio listo para usarlo en pocas horas.

 

durante las ultimas semanas he tenido el stress añadido de encontrarme con un equipo de tierra desorientado y desorganizado,  pero poco a poco y trayendo gente de confianza de España las cosas se van solucionado y seguimos montando el puzzle para salir a

la Fastnet en condiciones aceptables, el barco aun necesita una exhaustiva puesta a punto para que pueda navegar

la BWR con garantías de podium

 

El premio de la regata que eran 10.000 pound lo destinamos a

la ONG Africa Viva, por lo que ayer con la victoria del Estrella Damm, a parte de la alegria del equipo por ganar la transmitimos a los que no tienen recursos en un continente que lo necesita

 

El español Guillermo Altadill junto con el co-skipper americano Jonathan Mckee llevan al Estrella Damm a la victoria en

la Artemio Challenge , enfrente de la flota the Open 60 se hallaba el ultimo diseño de Juan Kouchoumijan, diseñador de los ABN y que gano la ultima Volvo Ocean Race con su skipper Mike Sandersson a bordo

 

Altadill y su equipo no hicieron una salida excelente pero a pocas millas de la salida ya se situaron en un cómodo liderato que no abandonaron hasta completar el recorrido a

la Isla de Wight, el mismo recorrido de 50 millas qiue hizo la goleta America al ganar la primera edición de

la America’s Cup en 1851

 

Sólo fueron inquietados al principio por el nuevo e innovador Pindar, construido en Nueva Zelanda y con parte de la tripulación que ganó la última edición de

la Volvo Ocean Race pero la rotura de su palo ala acabó con el duelo

Todo sobre mi barco, Estrella Damm

July 29th, 2007

Aquí tenéis mucha información acerca del barco:

http://www.estrelladammsailingteam.com/default.asp?section=article&type=3&artID=7412