06 de febrero de 2004
Comienza la aventura. A las 16:00 GMT el maxi catamarán
Cheyenne abandona el puerto británico de Plymouth,
rumbo a la línea de salida. Guillermo Altadill y sus
doce compañeros calculan alcanzar esa línea
imaginaria que une la costa británica y la francesa
entre las 3:00 y las 6:00 horas GMT del sábado, 7 de
febrero de 2004.
07 de febrero de 2004 (Nota de Prensa)
Hoy, a las 05 horas, 10 minutos y 35 segundos, el Cheyenne
ha cruzado la línea de salida, según ha confirmado
el observador del WSSRC (World Sailing Speed Record Council),
organismo encargado de supervisar el récord de vuelta
al mundo Trofeo Julio Verne. Para hacerse con él, Guillermo
Altadill y sus compañeros deberán cruzar de
nuevo esa línea entre la costa británica y la
isla francesa de Ouesssant antes del 11 de abril a las 13
horas 46 minutos y 59 segundos. Un largo, duro pero también
apasionante viaje al rededor del planeta acaba de comenzar
para los tripulantes del Cheyenne.
El navegante español Guillermo Altadill forma parte
de la tripulación del maxi catamarán Cheyenne
que acaba de iniciar una gran reto: hacerse acreedores del
Trofeo Julio Verne dando la vuelta al mundo en menos de 64
días, 8 horas, 37 minutos y 24 segundos, marca conseguida
por el barco Orange, patroneado por el francés Bruno
Peyron. Por delante les esperan 28.000 millas (unos 50.000
kms.) por los mares más embravecidos del planeta.
Guillermo Altadill se encuentra entre la élite de los
más expertos y brillantes timoneles a nivel mundial
en regatas de vela oceánica. Sus victorias en 2001
en la prestigiosa regata Sidney-Howard, y en la conocida como
The Race, así lo demuestran. También ha conseguido
grandes triunfos como entrenador de nuestro equipo olímpico
de vela. Atadill ya ha dado la vuelta al mundo navegando en
cinco ocasiones anteriores y cuenta con 250.000 millas recorridas
en competición.
El desafío que acaba de iniciar Altadill junto a su
doce compañeros de tripulación se encuentra
sin duda entre las aventuras más extremas que se pueden
afrontar hoy en el mar. Desde que se comenzó a disputar
en 1992, este récord se ha intentado batir en 13 ocasiones
y sólo se ha conseguido en 4.
Este trofeo tiene pocas reglas. No hay pasos obligados, simplemente
deben dejar el Cabo de Hornos por estribor y no se puede parar
ni hacer escalas, por lo que las averías, problemas
o emergencias deberán resolverlas por sí mismos
sobre la marcha.
El patrocinador, propietario y skipper del Cheyenne es el
norteamericano Steve Fossett, famoso en todo el mundo por
sus aventuras aeronáuticas a bordo de aparatos de vuelo
sin motor y globos aerostáticos. Su barco, el Cheyenne,
es el catamarán más grande del mundo. Está
concebido como un auténtico Fórmula Uno del
mar y ha sido construido con la tecnología y los conocimientos
más avanzados del momento. Para tripularlo, Fossett
se ha rodeado de un grupo multinacional y selecto de navegantes
que aúnan talento y enorme experiencia en este tipo
de regatas extremas. El único español a bordo
es Guillermo Altadill.
El Cheyenne ha partido de la costa inglesa rumbo al Cabo de
Buena Esperanza, en el extremo sur del continente africano,
para luego adentrarse en el Océano Índico.
08 de febrero de 2004
Mensaje de GUILLERMO ALTADILL del 8 de febrero a bordo del
Cheyenne.
Las primeras horas camino de la salida y las diez que transcurrieron
después han sido duras, con vientos de hasta 50 nudos
y grandes olas, lo que ha supuesto que la tripulación
pudiese descansar poco o nada y el barco se viera sometido
a un gran stress. Ahora el viento se ha calmado un tanto y
estamos navegando cerca de las costas gallegas, esperando
que el viento role al este.
09 de febrero de 2004
Durante las últimas doce horas hemos navegado con vientos
flojos de componente norte. De madrugada, el viento ha vuelto
a subir rolando al este, lo que nos ha permitido volver a
navegar a velocidades decentes: entre 18 y 20 nudos.
La vida a bordo es relativamente tranquila y las guardias
se suceden sin grandes sobresaltos.
La temperatura se ha ido suavizando en las últimas
horas a medida que avanzamos hacia el sur, por lo que la gente
empieza a aligerar su indumentaria. También en el interior
no hay tanta condensación, lo que hace todo mas cómodo.
11 de febrero de 2004
La noticia de que el Gerónimo ha entrado en liza, nos
ha puesto un poco más de presión, pero también
nos proporciona una motivación extra. De momento, la
meteo se ha puesto de su parte, pero este viaje es muy, muy
largo, así que ya tendremos nuestros buenos momentos.
Le he pedido a Ellen Mcarthur nuestras posiciones del año
pasado a bordo del Kingfisher así como las del Gerónimo
para tener unas comparativas. También disponemos de
las de los otros récords anteriores, así como
la del Clubmed, en el que yo navegaba cuando ganamos la regata
The Race, por cierto, la vuelta al mundo mas rápida
de la historia, 62 días, que no se olvide nadie.
Estamos cerca de Canarias y se nota la subida de la temperatura.
La mejor consecuencia de esto es que los trajes de agua ya
no salen tanto a cubierta. También es más fácil
moverse en las maniobras. No es lo mismo ir con dos kilos
de ropa encima que con 12.
Espero que esta noche suba el viento otra vez y podamos hacer
buenas medias. Un abrazo. Guillermo.
12 de febrero de 2004
Después de 18 horas alternándose la tripulación,
hemos conseguido reparar el blast reacher (vela de vientos
portantes) que explotó el tercer día. Se ha
tenido que coser a mano, por lo que la tarea ha sido larga
y ha requerido que la guardia en stanby se vaya turnando para
poder coser la vela con un tejido realmente grueso (de hasta
8 mmm).
Esta mañana cuando amanecía he descubierto que
un pasador del obenque medio estaba a punto de salirse. Inmediatamente
hemos cambiado de amura para solventar el problema, que hubiera
acabado con la rotura del palo si el pasador se sale del todo.
Cuando lo descubrí, tan sólo 3 mmm de éste
permanecían en el agujero.
Después de estos incidentes, el viento ha subido lo
suficiente como para deslizarnos a 14 nudos. No es exactamente
lo que queremos, pero según la previsión meteo,
en breve entraremos en la influencia de los alisios que nos
harán navegar con medias más acordes con nuestras
intenciones. En cubierta se está con pantalones cortos
y aparecen algunos peces voladores, señal de la proximidad
con los trópicos. También nos ha cruzado un
grupo de ballenas, una de ellas ha pasado a pocos metros del
Cheyenne. Guillermo.
14 de febrero de 2004
La noticia de ayer de que Gerónimo regresaba a la línea
de salida se ha reflejado, positivamente, en la moral de abordo.
Estamos a solo 5 grados del ecuador, por lo que mañana
domingo de madrugada cruzaremos la línea que separa
los dos hemisferios. Como manda la tradición, el rey
Neptuno aparecerá para hacer caer sobre aquellos que
nunca lo han cruzado a sus iras por osar invadir su territorio.
Hoy hemos tenido que bajar la vela mayor, al descubrir que
uno de los herrajes de un sable se había salido. Esta
maniobra nos ha hecho perder unos 50 minutos. Los peces voladores
se empotran con gran estruendo contra el casco y, a veces,
alguno queda atrapado en el trampolín. El impacto es
tan brutal que le estallan los ojos. Cuando pasamos por encima
de una manada la carnicería es mayor. Si a los 20 nudos
que vuelan sumamos los 20 a los que navegamos, el resultado
es un choque de 70 kms. por hora. Lo siento, pero tenemos
prisa.
Esperamos que en las próximas horas pasemos una franja
de doldrums, chubascos tropicales que descargan agua y que
a veces hacen que el viento cambie rápidamente de intensidad
y dirección en cuestión de minutos.
Eso es todo por hoy. Guillermo.
15 de febrero de 2004
Hoy a las 12 GMT hemos pasado la línea ecuatorial y
hemos entrado en el hemisferio sur donde navegaremos las próximas
7 semanas. Siendo fieles a la tradición marinera de
bautizar a los neófitos en cruzarlo, MARK ha sido la
victima de las iras del Rey Neptuno (encarnado por mí).
Ha sido embadurnado con una pócima apestosa a base
de peces voladores muertos hace dias, restos de comida, agua
de mar y todo ello aderezado con tabasco. Se le ha encontrado
culpable de tantos agravios que se ha tenido que comer un
pez volador crudo y un pequeño calamar en avanzado
estado de putrefacción.
Lo siento Mark, hoy el rey neptuno estaba realmente enfado
por haber invadido un catamarán llamado Cheyenne sus
sagradas aguas. Enseguida, como si el ecuador fuera de verdad
una línea física y tangible, el viento ha rolado
al sureste y las olas han empezado a aumentar, de tal manera
que se hace difícil picar la cooorrectaa tecla en el
ordenadorrrr.
El calor es sofocante en el interior, pero gracias a algunos
chubascos, la tripulación ha podido darse una ligera
ducha en cubierta desde la salida. Hemos avanzado considerablemente
con respecto al tiempo de Orange. Estamos 240 millas por detras,
pero los próximos días juegan a nuestro favor
ya que las condiciones que tendremos nos permitirán
avanzar más de lo que el lo hizo los mismos dias.
Eso sin contar con una avería, claro.
17 de febrero de 2004
12º 27' Sur / 29º 56' Oeste
Seguimos avanzando medias de 20 nudos hacia el sur. Algunos
miembros de la tripulación se han afeitado. Esto no
sería ninguna noticia sino fuera porque todos se han
dejado la misma perilla y mostacho que yo me gasto, con lo
cual parece un barco de clonados, -salvando las evidentes
distancias. Adrian, por razones biológicas, no lo ha
podido hacer. Pero los ha sustituido por unos postizos hechos
con cinta aislante negra. Jacques Vincent es el que más
lo ha logrado.
Las guardias se suceden con pantalones cortos y el Cheyenne
va tragando millas,4.300 millas en 10 días para ser
más concretos. Es una buena media teniendo en cuenta
que aun no estamos en zona de borrascas. Seguimos revisando
cualquier parte factible de averiarse o romperse, ya que la
fatiga del material sometido al stress es uno de nuestros
peores enemigos.
Parece ser que Orange esta a punto de salir. Será una
situación un tanto curiosa, porque estamos navegando
contra el fantasma del Orange, poseedor del actual récord,
y por detrás toma la salida el nuevo Orange.
18 de febrero de 2004 (1º)
Los vientos alisios del hemisferio sur hoy han sido mas débiles
de lo que esperábamos con lo que hemos disminuido nuestra
velocidad media. Hemos hecho varios cambios de velas para
conseguir sacarle el máximo de velocidad al Cheyenne,
para quien los vientos de menos de 10 nudos son su punto flaco.
El calor es un poco agobiante y los rostro palidos (anglosajones)
se han empezado a quemar bajo el sol tropical del hemisferio
sur.
En estas condiciones hay bastante tiempo libre especialmente
en la guardia de stanby, que la gente aprovecha para leer
o escribir correos. Yo no encuentro mi libro y me tengo que
conformar con una revista de mountainbike que embarqué
por casualidad y que casi puedo recitar de memoria después
de haber releído varias veces hasta la tarifa de precios
de los últimos modelos del 2004.
18 de febrero de 2004 (2º)
Hoy hemos estado navegando toda la noche entre pequeños
chubascos que nos traían agua o subidas de viento repentinas,
por lo que la guardia de stanby ha tenido que estar alerta
para posibles cambios de velas, especialmente el blast reacher,
que tenemos que cuidar y evitar que se vuelva a romper. Otra
operación, aguja en ristre, no la resistiría.
Hoy he encontrado mi libro dentro de una bolsa de comida vacía.
Cuando lo he empezado a leer, me he dado cuenta de que me
sonaban algunos nombres. Y tanto. Ya lo he leído: "La
reina del sur", de Arturo Pérez Reverte. O lo
vuelvo a leer o se lo tengo que cambiar a alguien que sepa
leer en castellano. Pero estos rostros pálidos sólo
saben decir paella, playa y cosas de éstas. O sea que
mejor que siga leyendo la revista de bicis.
Los próximos días parecen buenos para adelantarnos
sobre el record. Las condiciones meteorológicas delante
nuestro así lo indican. Así pues, esperamos
a final de esta semana empezar a poner rumbo este y empezar
a hacer la curva que supone rodear el Cabo de Buena Esperanza.
19 de febrero de 2004
Por aquí todo bien, navegando rápido y alcanzando
poco a poco al Orange, al fantasma no al real que acaba de
salir. La gente se empieza a mentalizar que el calor toca
a su fin y empieza la parte mas dura y excitante de la circunnavegación,
el Índico y el Pacífico, lo que los anglosajones
llaman Southern Ocean (Océano del Sur): borrascas,
icebergs, olas enormes, descontrolados surfs a velocidades
de vértigo en una de las zonas mas inhóspitas
de este planeta. En fin, todo eso que os iré explicando
cuando llegue el momento.
Un abrazo.
Guillermo.
21 de febrero de 2004
9º sur / 26º oeste:
14 días después de tomar la salida, hemos empezado
a poner la proa del Cheyenne con rumbos más al este,
para empezar a cruzar meridianos. Hasta ahora el anticiclón
de Sta. Helena no nos lo permitía, pero esto es algo
que, a mayor o menor escala, les pasa a todos. Hemos estado
navegando a 20 nudos entre bancos de niebla. La temperatura
del agua ha bajado sustancialmente y los peces voladores se
han sustituido por especies de pájaros propias de latitudes
más bajas. De momento, aún no ha aparecido el
albatros.
Hemos descubierto un par de roturas en el genaker grande por
lo que hemos tenido que cambiarlo por el pequeño durante
unas horas y hacer las reparaciones oportunas. En esta labor
ha colaborado toda la tripulación, a fin de hacer la
maniobra mas rápida y perder lo mínimo, aunque
hemos seguido navegando a 23 nudos. La verdad es que no es
fácil mantener sobre la cubierta una vela de 500 metros
desplegada ha estas velocidades y la hemos tenido que atar
firmemente.
Las maniobras, después de dos semanas de trabajo conjunto,
se hacen casi en la mitad de tiempo que requerían al
inicio. Sobre todo se nota en que lo que los cambios de vela
no son tan dolorosos en cuanto a perder millas. Hay que tener
en cuenta que cada vela del Cheyenne pesa entre 120 y 180
kilos sin contar la mayor que pesa 700 kg. (sí, como
un coche).
En el aspecto doméstico, algún detalle curioso.
Por ejemplo, que la gente traga el aceite de oliva (español,
claro) como si fuera agua y que el ajo se está acabando.
Ah, y que mañana he decidido tirar por la borda a mi
pijama térmico y estrenar otro, lo que no está
mal después de 14 días con el mismo.
22 de febrero de 2004
40º 52' sur / 8º 42' oeste:
Hoy en una bajada de ola a buena velocidad, mi bol de comida
ha aterrizado en el suelo, con lo que el puré de patata
con una salsa aun sin reconocer que contenía ha impregnado
paredes y suelo del casco de babor. No ha sido ni fácil
ni agradable limpiarlo y recoger lo que he podido del suelo
y ponerlo otra vez en el bol, pues de lo contrario me quedo
sin comer, y aquí uno come para alimentarse y tener
energías y no para degustar la suculenta bazofia liofilizada.
Ya estamos en tierra de albatros y se les puede ver volando
alrededor del barco mirando extrañados, a los que quizá
sean los primeros seres humanos que ven. Algunas de estas
aves llegan a medir hasta 3,5 metros de envergadura y apenas
mueven sus alas, pues utilizan el viento y las olas para volar
de forma majestuosa. Se pueden encontrar a miles de millas
de las tierra más cercana. Estos que vemos probablemente
tendrán su base en la isla Gough, que dejamos por babor
esta mañana a sólo 45 millas.
Estamos a 450 millas por delante del récord del Orange,
esto a estas velocidades equivale a poco menos de un día
de adelanto. Nuestro objetivo es estar a un día y medio
por delante en los próximos 5 días, con el permiso
del Océano Sur.
41º 17' Sur / 15º oeste.
Por aquí ya ha empezado el "Ball de Bastons",
que traducido al castellano no es otra cosa que un baile en
el que se dan garrotazos. Sí, un poco troglodita, pero
así son las cosas cuando ya nos encontramos en los
Cuarenta Rugientes navegando a 30 nudos de velocidad y con
frío. La electrónica ha dejado de funcionar
cuando se hacía de noche y Dave se ha tirado 8 horas
intentando saber dónde se había producido el
cortocircuito responsable de que el casco de estribor oliera
a barbacoa.
La electrónica es esencial para llevar estos multicascos
a tope de sus posibilidades ya que generan vientos aparentes
que superan hasta tres veces el viento real. Hoy, mientras
llevaba el barco sin instrumentos he hecho los cálculos
de cuántos números visualiza el timonel durante
una hora. Cada número cambia cada segundo y tenemos
8 repetidores. Esto equivales a visualizar 28.800 números
por hora. Si se lleva el barco 6 horas por día son
174.000 números, sin contar el compás analógico
y cuando no se está en el timón pero sí
que se miran los instrumentos. Al cabo de 60 días sale
una cifra de 12 millones dígitos visualizados. No está
mal.
Con el frío ha llegado la condensación interior
y los sacos de dormir ya están empapados. También
se requiere más tiempo para vestirse y enfundarse los
trajes de agua, las botas y el arnés de seguridad que
hacen que los movimientos en cubierta sean mas lentos y torpes.
El radar se ha puesto en marcha para prevenirnos de la presencia
de icebergs, ya que la línea de convergencia antártica
está bastante al norte, es decir más cerca de
nosotros. Todo esto se traduce en que voy a tener menos tiempo
y menos ánimo para darle a las teclas del ordenador.
A estas velocidades se hace difícil pescarlas al vuelo.
De todas formas lo intentaré.
23 de febrero de 2004 (1º)
40º 52' sur / 8º 42' oeste.
Desde el Cheyenne nos llegan noticias preocupantes. Han descubierto
un serio problema en el forestay, el cable que une el mástil
con la proa. Esta avería pone en grave riesgo la continuidad
del Cheyenne en su lucha por el récord del mundo. Toda
la tripulación se haya en estos momentos ocupada en
buscar soluciones al grave contratiempo. A lo largo de hoy
lunes esperan poder confirmar si continúan adelante.
23 de febrero de 2004 (2º)
¡EL CHEYENNE OTRA VEZ EN MARCHA!
Después de 16 horas frenéticas luchando para
arreglar el problema con el mástil, Altadill y sus
doce compañeros de tripulación han logrado subsanar
el problema y ya están de nuevo rumbo al cabo de Buena
Esperanza para batir el récord del mundo.
24 de febrero de 2004
Pues ya está arreglado. Después de 16 horas
de trabajo hemos podido poner al Cheyenne en condiciones de
seguir. El stay de proa se había salido de su herraje
final y éste sujeta toda la jarcia con su palo de 42
metros. Hemos intentado, durante el arreglo, llevar el barco
a una velocidad que permitiera a la tripulación solventar
el problema, pero que no nos hiciera perder distancia respecto
al Orange (estamos casi un día por delante del récord).
La tripulación está bastante cansada. Apenas
hemos dormido en las ultimas 24 horas. Yo tengo algunos dolores
de espalda producto de 6 horas consecutivas al timón
mientras el resto reparaba la avería. Las dos horas
que he conseguido descansar me han parecido dos minutos y
lo he hecho con el traje de agua enfundado. Apenas tenía
fuerzas para quitármelo, pero lo importante es que
de nuevo estamos con la directa, a 25 nudos con rumbo sureste.
Por cierto: cada grado de latitud al sur coincide con 5 grados
que desciende la temperatura. Ahora ya se hace difícil
reconocer al personal enfundado en sus trajes y pasamontañas.
Nos hemos encontrado con dos orcas. Una de ellas ha pasado
entre los dos cascos del Cheyenne.
Probablemente nos hayan confundido con otra especie de ballena.
La verdad es que con dos orcas nadando juntas, y cerca del
casco blanco del Cheyenne y sus orzas negras seguro que desde
dentro se parece. En fin. Lo mas difícil de toda la
avería ha sido convencer a Steve que podíamos
continuar navegando con garantías. Su pensamiento inicial
era poner proa a Ciudad del Cabo y acabar con el récord.
Estoy cansado. Adeu.
25 de febrero de 2004
Hola.
Ya se ha descansado un poco mejor, aunque las condiciones
se han hecho más duras, las olas son más grandes
y cruzadas y la vida a bordo un poco más difícil;
pero, al fin y al cabo, eso es a lo que hemos venido. "Never,
never give up (Nunca, nunca rendirse). Esto es lo que he escrito
en frente de la cocina para que todo el que pase por allí
se acuerde de que no hay que darse por vencido ni en los peores
momentos. Espero que alguien del barco se acordará
en un futuro de esta frase y comprenderá que ésa
es la única forma de conseguir récords en condiciones
extremas y superar averías y contratiempos que te ponen
al limite de todo, incluida de la paciencia.
El lunes hablé con la cadena SER a través del
teléfono vía satélite y la verdad es
que se agradece tener contacto de vez en cuando con el mundo
exterior,... o el interior (no sé quién está
fuera y quién dentro en este caso).
Hoy cruzaremos la línea imaginaria que separa el Atlántico
del Indico y seguimos navegando hacia el sureste. Las noches
se hacen más cortas y en la amura de babor, cuando
las nubes se disipan, se deja entrever el resplandor del sol
de medianoche antártico.
Pero no podemos despistarnos con el paisaje porque tenemos
que apretar el acelerador. Seguimos por delante del récord,
pero hemos perdido millas por culpa de la avería y
noto demasiado relax. Voy a ver si los convenzo.
Hasta luego.
Guillermo.
26 de febrero de 2004
Hola.
La entrada en el Indico se ha notado con un cambio de temperatura
substancial. Dentro tenemos 4ºC mientras que fuera, debido
al factor de viento, baja hasta los 6ºC bajo cero. Vamos
tapados hasta las orejas y la verdad es que en cubierta nadie
suelta una palabra, también porque aunque lo hagas
apenas se te oye. La sensación es de que, enfundado
en el pasamontañas, el traje de agua y las máscara
estás inmerso en un mundo aislado y en lugar de hablar
con el resto tienes más tiempo para pensar. Se parece
a estar encerrado en tu propia cápsula.
Pero también te hace más sensible a otras sensaciones.
Me he dado cuenta de que hay un ruido en el barco peculiar.
Las vibraciones del timón a medida que el barco acelera
suenan igual que el violonchelo del maestro Rostropovich.
Las notas suben y bajan con la velocidad del barco creando
melodías que hasta llegas a reconocer. Cuando he salido
de la guardia me he ido dentro del compartimento de la timonería
y he grabado un concierto. Cuando la velocidad supera los
25 nudos entra en la orquesta un violín y cuando baja
de 16 lo hace un órgano.
Los ruidos del barco, después de tres semanas viviendo
en él, se llegan a reconocer perfectamente. Si hay
una ola atravesada la orza produce un efecto de cabitación
imitando al rugido de un león, acabando con dos golpes
de tambor al moverse la orza dentro de su caja. También
hay un ruido curioso y apetecible como el de alguien haciendo
huevos fritos, pero en el Cheyenne ni hay huevos ni sartén
para freirlos. En realidad es un desagüe de la cocina
que cuando el casco se levanta y vuelve a tocar el agua lo
produce.
Hasta luego.
Guillermo.
27 de febrero de 2004
Hola.
Hoy hemos visto los primeros icebergs. No eran excepcionalmente
grandes, probablemente como un campo de fútbol y de
una altura de 8 pisos. Su color azulado y blanco les da un
aspecto de anuncio de jabón para lavadoras. Los tripulantes
que no habían visto nunca uno han acudido a sotavento
rápidamente para admirar su majestuosidad. "¿Son
de agua dulce o salada?" pregunta uno. Pues la verdad
no sé qué responder, pero creo que son de dulce.
La próxima vez lo miraré en la Espasa. Hemos
pasado 100 millas al sur de la isla Príncipe Eduardo
(pertenece a Sudáfrica). Recuerdo que en la Vuelta
al Mundo de 1993 tuvimos que rodearlas por estribor cumpliendo
una regla impuesta por la organización para evitar
que los participantes de la antigua Withbread navegáramos
demasiado al sur, con el consiguiente peligro de toparnos
con icebergs.
Los cálculos nos dan 1.5 días por delante del
récord, pero con las 9.000 millas que nos quedan hasta
Cabo de Hornos, es difícil hacer cálculos exactos
porque depende dónde se ponga el waitpoint. De momento
es mejor pensar sólo en una cosa: velocidad, velocidad,
velocidad. Ah... y en no romper.
Las condiciones con las que estamos navegando de momento,
y dejando a un lado el frío, son excepcionalmente buenas,
incluso demasiado, con 20 a 22 nudos de viento. De las 6 veces
que he pasado por estas latitudes, ésta ha sido la
más benevolente desde el punto de vista climatológico.
Jack Vincent, otro veterano con 7 vueltas al mundo en su bolsillo,
tampoco había visto nada igual. Puede que sea otra
prueba más del cambio climático.
Los cambios de velas se limitan del Blast reacher al foque
solent y seguimos con toda la mayor sin rizos. Los cambios
al solent requieren más esfuerzo al haberse roto el
enrollador de ésta cuando ocurrió la avería
del stay de proa. Tenemos que izarla con sus 270 kilos de
peso a fuerza de winches, con 5 personas en ellos.
Hasta luego.
Guillermo.
28 de febrero de 2004
Hola.
Hoy seguimos con vientos moderados del NW que nos permiten
hacer buenas medias, en concreto 562 millas en las ultimas
24 horas, lo que nos sitúa a 1,5 días por delante
del récord. Estas condiciones excepcionalmente suaves
para estas latitudes se deben a la influencia de una alta
presión que llega hasta latitudes muy bajas, (paralelo
43), lo que hace que las borrascas con vientos fuertes y grandes
olas circulen aun más al sur de lo que estamos nosotros.
Este tipo de catamaranes adquieren su máximo potencial
de velocidad con vientos de 25 a 30 nudos y olas poco formadas,
por lo que estas condiciones que tenemos son perfectas para
nuestros objetivos. Si los vientos superan los 35 nudos, las
olas multiplican su efecto en la velocidad por lo que hay
que sacar el pie del acelerador y evitar sumergir las proas
en las olas. Una desaceleración a 35 nudos puede producir
averías, e incluso el vuelco del catamarán,
si no se reacciona a tiempo al soltar escotas.
Hoy me he dado cuenta que estaba durmiendo con la funda del
saco de dormir al revés,: los pies en la cabeza y la
cabeza en los pies. Ya me resultaba extraño que cada
vez que salía del saco tuviera que actuar como el gran
Houdini y hacer contorsionismo para escapar de él.
La parte de arriba es tan estrecha que acababa con dolor de
hombros de lo que me comprimía mientras dormía
durante estos ultimas semanas. Una vez descubierto el pequeño
error puedo respirar mejor mientras duermo. Ahora sólo
tengo que evitar que me caigan gotas de condensación
para poder dormir como un lirón. Eso sí, sólo
tres horitas. Hemos descubierto una fisura en una parte de
la base de palo que sujeta la polea de reenvio del genaker.
Su carga de trabajo es de 12 toneladas, por lo que hemos empezado
a idear un plan para reforzarlo y evitar que acabe rompiéndose.
Si lo hiciera, la polea saldría disparada a una velocidad
considerable, con el consiguiente peligro para cualquiera
que se encuentre en plena la zona de tiro. Hasta mañana.
Hasta luego.
Guillermo.
29 de febrero de 2004
48ºSur y 63º37´Este.
Hoy ha amanecido un día soleado espléndido y
las olas han aumentado a medida que nos acercamos a la plataforma
de la islas Kerguelen. Las pasaremos la noche del domingo
y las dejaremos por estribor pasándolas por su parte
norte, siempre y cuando el viento no role en el último
momento y haya que trasluchar.
Estas islas pertenecen a Francia, que mantiene en ellas una
base militar y otra científica. Tan sólo una
vez al año se conecta con el mundo exterior gracias
a un barco. Aunque posee una pista de aterrizaje para emergencias.
El año pasado fue precisamente a 60 millas al sur de
estas islas cuando rompimos el palo del Kingfisher cuando
navegábamos 20 horas por delante del récord.
Aquella rotura nos obligó a navegar 15 días
con aparejo de fortuna hasta Fremantle (Australia) que confeccionamos
con la botabara y recortando velas. Las raciones de comida
han aumentado al entrar en el frío. Se consume más
sopas, noodles, etc. El desayuno consta de porritge, una masa
a base de avena, leche y cereales con la que se podría
tapar cualquier vía de agua si fuera necesario, de
lo consistente que es. También el aceite de oliva (español)
ha aumentado su consumo y el ajo se va a terminar dentro de
poco. Al parecer los paladares anglosajones le han encontrado
el gusto al "spanish flavour".
14.30 Horas: Dejamos las islas Kerguelen por estribor. No
vemos las islas que están a 70 millas por nuestra amura,
pero sí que cruzamos constantemente colonias de algas
enormes que intentamos sortear para evitar engancharlas en
orzas o timones. La plataforma oceánica que hace que
el fondo marino haya pasado de 3.000 metros de profundidad
a tan sólo 300 metros propicia que se formen olas confusas
durante unas horas.
Seguimos avanzando sobre el récord, pero las trasluchadas
que hemos tenido que hacer en las últimas horas para
evitar las islas han supuesto que tan solo hayamos avanzado
440 millas en las últimas 24 horas. Ahora nuestro próximo
"waitpoint" lo situamos en la latitud 50º sur,
a la altura de Cabo Leween en el continente australiano.
Hoy he tenido que poner mi saco de dormir a secar al lado
de la calefacción. Si lo estrujaba salía agua.
Estaba empapado debido a la puñeteracondensación.
La verdad es que este barco es más seco en cubierta
que en el interior. Su construcción en "panal
de abeja" de aluminio tiene el inconveniente de convertir
el interior en algo muy parecido a una nevera y condense.
Además, qué sabría el ingeniero en estructuras
que delante de un ordenador decidió hacerlo así,
si probablemente no haya navegado en su vida. O si lo ha hecho
habrá sido un fin de semana. Si tuviera su teléfono
le llamaría y le diría cuatro cosas a él
y otras cuatro a su madre.
1 de marzo de 2004
51º sur / 89º este 3:31 horas GMT.
Mis pantalones de agua hacen agua. Hoy me he dado cuenta que
tengo el trasero empapado después de cada guardia,
producto de alguna costura que no es impermeable. Resulta
curioso porque el modelo es Musto HP (las últimas siglas
deben corresponder a hijo de..., porque esto sí que
es una faena. Auún me quedan casi tres semanas de estar
mojado como una rata. Así pues, durante la guardia
de esta noche he empezado a aplicar la teoría para
estas ocasiones. La saqué de un libro, concretamente
de "Tuareg" (Vázquez Figueroa) y durante
los últimos años la he aplicado cuando he estado
lo que se dice realmente jodido. Básicamente se trata
de repetirme: soy una piedra, las piedras no sufren ni sienten,
las piedras no sufren ni sienten, las piedras no sufren ni
sienten, las piedras no sufren ni sienten, las piedras no
sufren ni sienten... Se me ha pasado la guardia volando. Ni
siquiera me acordaba que el HP estaba agujereado y tenia el
térmico empapado.
Hasta la próxima piedra.
2 de marzo de 2004
Mis pantalones de agua hacen agua. Hoy me he dado cuenta que
tengo el trasero empapado después de cada guardia,
producto de alguna costura que no es impermeable. Resulta
curioso porque el modelo es Musto HP...
3 de marzo de 2004
2.43 pm GMT. 52º sur / 84º este.
Estamos navegando en el 52 sur, esperando un role para trasluchar
a babor y seguir ganando Este. El viento ha disminuido en
las últimas horas y esperamos que llegue un baja presión
que viene por detrás con vientos que inicialmente serán
del Noroeste y que llegarán a 40 nudos. Esta baja nos
llevará probablemente hasta la confluencia del Índico
con el Pacifico para afrontar la última etapa hasta
Cabo de Hornos.
Hoy me he cambiado la ropa térmica. La sensación
es de un bebé recién bañado. Me sentía
seco después de una semana. No me quedan muchos más
calcetines ni pantalones, por lo que tendré que racionarlos
de aquí hasta que lleguemos al calor de nuevo, algo
que no ocurrirá antes de tres semanas.
Seguimos funcionando con la hora GMT, pero se ha cambiado
el horario de las comidas acorde con la hora solar. Esto supone
que cenamos a las 4 de la tarde, que es de noche, comemos
a las 8 de la mañana, cuando está amaneciendo...En
fin: un descontrol. En realidad vivimos como los pollos: nos
encienden la luz cada cuatro horas y, venga a comer pienso
que hay que rendir.
Vuelvo a tener síntomas de tendinitis de llevar el
timón. Este barco es mucho más duro de llevar
que los otros catamaranes en los que he navegado debido a
sus líneas de casco más estrechas y menos rocket
(forma de banana) en las líneas de proa a popa. Total,
que voy a llegar con los antebrazos como los de Popeye. Si
ayer me preocupé del estado de la familia de los diseñadores
de mi ropa, hoy he dedicado algunos recuerdos para la familia
de los diseñadores.
1.00 GMT. 51º 19' Sur / 103º 33' Este:
Bueno, parece que Orange sigue teniendo problemas. Los diseñadores
proponen y el océano y la tripulación dispone.
A veces los cálculos estructurales en un ordenador
o un fallo en el secado o la laminación del composite
dan al traste con un proyecto de cientos de millones. Así
es la tecnología y los deportes mecánicos.
Estamos navegando con el frente lo que nos permite ir a su
velocidad, en las últimas horas hemos hecho buenas
medias de velocidad y la cubierta es una cortina de agua que
te da en la cara y cuerpo a 50 km por hora. Llevamos cascos
protectores que te permiten mirar al frente y a los instrumentos.
Para ir de un casco al otro hay que avisar al timonel para
que éste reduzca la velocidad y cruzar conectado al
arnés que evite que una ola se te lleve a hacer compañía
a los albatros. También hay que ir con cuidado que
el impacto de la ola que cruza el trampolín, no te
vaya a meter una patada en la espinilla al estilo de aquellos
defensas acorazados que arreaban de lo lindo y acabes en la
camilla.
La vida en el interior es más miserable, si cabe, de
lo que ha sido hasta ahora. En los cambios de guardia el casco
de estribor parece la escena del camarote de los hermanos
Marx. Unos que se visten, otros que se desvisten, otros que
se intentan preparar algo caliente... y todo en 4 metros cuadrados
mientras el barco va a 32 nudos de velocidad y saltando en
las olas. En ocasiones se organiza una melé de patas
y brazos cruzados bajo la que sólo se oye: "scuseme,
scuseme, scuseme... Espérate, joder, que acabe yo y
luego haz lo que te de la gana", contesto muy educadamente
en español.Es la 1.00 GMT pero ya tenemos luz y podemos
ver el verdadero Índico en acción.
4 de marzo de 2004
Océano Índico. 01:42 GMT, 51º 47' sur /
119º 17' este.
Hoy hemos establecido un nuevo récord entre la salida
y Cabo Leween. No es más que una meta volante, lo importante
es el final. Hemos cruzado 110 grados de meridiano en 7 días
y medio. Aquí abajo un grado no son 60 millas. En estas
latitudes, un grado son 43 millas, ¿me sigues? Pues
bien: en una semana nos hemos "pelado" 3.670. Si
no te salen las cuentas quiere decir que no hemos ido en línea
recta.
Hoy me he entretenido en contar las cremalleras que tengo
que abrir y cerrar para ir al baño (bueno en realidad
una taza rodeada de un charco de agua producto de la condensación
y situada en la zona mas inhóspita de este barco).
Me han salido 6 cremalleras, sacarme una chaqueta y dos pantalones.
Además debo quitarme las botas y volverlas a poner
si no quiero chapotear con los pies en agua a 4 grados. Ah,
se me olvidaba: mejor te quitas también las manoplas,
porque si no se te hace difícil la operación...
Estamos 1.400 millas por delante del récord, unos cuatro
días para hablar en tiempo, pero hay que seguir apretando
para tener crédito cuando vengan tiempos peores...
nunca se sabe.
5 de marzo de 2004
Océano Índico. 52º 24' sur / 133º
23' este. 1:23 GMT.
Pocos cambios en las últimas horas. Parece que la temperatura
del agua ha subido unos grados y, como consecuencia, también
la del ambiente. A veces puedes aguantar sin guantes, lo que
permite hacer más rápido las maniobras y sobre
todo me permite agarrar mejor el timón. Con guantes
hay que apretar más, al tener menos sensibilidad, y
los antebrazos se quedan agarrotados enseguida.
Durante la pasada noche nos llegaron varios chubascos asociados
con el frente que nos alcanza y las rachas llegaron a 40 nudos
con viento racheado y rolando con frecuencia, lo que hace
que en las últimas horas se hayan hecho una media de
5 cambios de velas por guardia. Un poco agotador y pesado,
la verdad. Esperamos llegar rápido al Pacífico
para afrontar el último esprint de 4.500 millas hasta
Cabo de Hornos. Y de allí a subir para casa.
7 de marzo de 2004
51º 41' sur / 154º 37' este. 02:12 GMT
La temperatura del agua ha subido y también la de cubierta
al entrar en el Océano Pacífico. Aquí
la zona de convergencia antártica traza una ligera
curva al sur y permite que en estas latitudes las temperaturas
no sean tan radicales como lo han sido hasta ahora. En todo
el día he tenido que ponerme guantes, por lo que el
trabajo ha sido más fácil.
En breve cruzaremos el meridiano 180º lo que supondrá
que repitamos el día, esa curiosidad de la división
de la Tierra en meridianos que hizo ganar la apuesta a Phileas
Fogg, protagonista de la novela de Julio Verne "La Vuelta
al Mundo en 80 días". Mi apuesta personal en este
momento son 61 días. Hemos establecido otro record
al cruzar el Océano Índico en 9 días
y 10 horas. Si se mira en una carta marina veríais
lo grande que es. Uno se da cuenta que cubrir la misma distancia
en coche no reduciría mucho el tiempo, contando paradas
a repostar y a descansar, cosa que nosotros no hacemos.
Yo también he batido un récord establecido en
The Race abordo del Clubmed, a saber: dos semanas utilizando
los mismos calcetines y durmiendo con ellos. La verdad es
que no estaban muy sucios pero he decidido afrontar el Pacífico
con unos nuevos y tirar por la borda los que me han acompañado
en el Índico.
Seguimos haciendo medias de 500 millas diarias, lo que supone
ir incrementando nuestra ventaja sobre el récord de
Orange. Las maniobras de cambio de velas se suceden en función
de la intensidad de viento y ángulo. No debemos conformarnos
con la sustancial ventaja que tenemos de tres días,
ya que tener millas de crédito nos puede ser muy útil
de cara a afrontar la subida del Atlántico. El Gerónimo
el año pasado estaba también tres días
por delante del récord y una alta presión en
el Atlántico sur y vientos flojos en el Ecuador le
hicieron perder todo lo que tenía de ventaja.
8 de marzo de 2004
52º 36' sur / 73º 38' oeste. 01:59 GMT
Coincidiendo con el paso del meridiano 180 (la línea
internacional diaria) hemos hecho nuestra mejor singladura
de 24 horas recorriendo 622 millas. Esto nos ha permitido
aumentar la ventaja sobre el anterior récord en 2.100
millas, equivalente a cuatro días.
Esta ventaja nos permite afrontar las millas que nos quedan
hasta Cabo de Hornos con cierta holgura y navegaremos un poco
más hacia el norte para negociar la peor parte de una
borrasca con vientos de 50 nudos. Esto hará que naveguemos
una ruta ligeramente más larga, pero con estos vientos
las olas son demasiado grandes lo que hace que no se pueda
explotar al máximo el potencial de velocidad de catamaranes
como el Cheyenne.
Por lo demás todo sigue como siempre. Gracias a la
condensación interior, está todo mojado y hecho
un asco, mi traje de agua sigue demostrándome que no
lo es, el barco descendiendo olas a 35 nudos con un ruido
en el interior que parece que se va a desintegrar... Lo normal
en estos casos.
Hoy para celebrar que hemos pasado la línea diaria
y que llevamos una ventaja sustancial sobre el récord
me he levantado de buenas, y he hecho custard. Se trata de
una especie de crema de vainilla que les gusta mucho a los
anglosajones. Se parece a la crema catalana, pero caliente.
En una bajada de esas a 60 km por hora el custard ha salido
de la olla a una velocidad equivalente, proyectándose
el puñetero custard en todas direcciones y montando
una especie de cuadro de Tápies por toda la cabina
interior.
Pues ahora el que quiera custard que lo coma restregando la
lengua contra las paredes. Me he vestido con el traje de agua
-sí, el roto- y me he puesto a llevar el barco lo más
rápido y agresivo posible, de forma que nadie pudiera
pegar ojo ni sostenerse en el interior. Yo no comeré
custard, pero vosotros no vais a dormir. Y si alguien se queja,
estamos de regata, colega. Lo siento, pero hay que ir rápido.
10 de marzo de 2004
Las pasadas horas han sido muy duras para los tripulantes
del Cheyenne. A algunos problemas graves con el spinaker,
se ha unido un incidente que ha tenido como protagonistas
a Guillermo Altadill y el resto de miembros de su guardia.
Una ola de grandes dimensiones los ha golpeado con dureza
tirándolos sobre la cubierta del barco. Guillermo ha
resultado contusionado en las costillas, si bien el golpe
no le ha impedido continuar con su guardia con normalidad.
Como bien dice David Scully "la cubierta se está
convirtiendo en un lugar peligroso".
11 de marzo de 2004
¡Hola! Me acabo de levantar de descansar un poco. Estoy
como si me hubiera pasado la noche en un ring con el Poli
Diaz dándome estopa sin piedad. Tengo un dolor en la
costillas que me hace reír de dolor y me he tomado
inflamatorios para parar de reír.
La ola que nos ha encapillado debía contener varias
toneladas de agua, lo que unido a la velocidad del barco supone
una fuerza importante. Me ha arrancado del timón y
me he quedado colgado. Los otros dos de la guardia han caído
uno encima del otro y el barco por algunos segundos ha seguido
solo bajando la ola a 24 nudos. "Are you Ok? Are you
Ok?!".
Era incapaz de contestar a los gritos de mis compañeros.
Sólo podía pronunciar sonidos guturales porque
me era muy difícil respirar, no sé si por el
impacto de la ola en el pecho o por el dolor en las costillas.
Lo único que sé es que durante un par de horas
de vez en cuando me salían por la nariz pequeños
regueros de agua salada. Ah! y he visto estrellitas como en
las viñetas de los tebeos.
Pero lo importante es que seguimos por delante del récord.
Hoy hemos perdido unas millas debido a la rotura de la driza
de spy, que ha acabado con él en el agua. Al final
lo hemos podido recuperar de una pieza. También hemos
tenido que trasluchar por lo que hemos perdido algunas millas.
Además da la casualidad de que el Orange hizo este
día una de sus mejores singladuras. Ahora estamos navegando
amurados a estribor esperando un role de viento para volver
a trasluchar. Por tanto ya que estamos ganado sur rápidamente
la temperatura vuelve a disminuir, pues la zona de convergencia
antártica sólo está 1,5 grado y medio
de nosotros, es decir a 100 millas de nuestra situación.
Mientras escribo estas líneas, entra por la escotilla
Nick con una brecha profunda en la cara. Sangra como un gorrinet
el día de la matanza. Otra ola atravesada lo ha pillado
pero esta vez lo ha enviado contra la consola de la rueda
golpeándose la cara y rompiendo una pieza de plástico
que le ha producido un profundo corte. Me largo de aquí
para no molestar y que lo curen.
12 de marzo de 2004
Hoy se me han quitado las ganas de escribir. Además
creo que lo que yo escriba desde aquí no tiene ninguna
importancia, comparado con todo lo que esta pasando en casa.
Desde un punto perdido en el océano Pacifico, a más
de 3.000 kms. de la tierra habitada más cercana, las
cosas se ven de otra forma. Quizá a todos esos a quienes
su fanatismo no les deja ver la realidad, tendrían
que venir por estas latitudes. Seguro que valorarían
más lo que ahora desprecian. Sólo puedo decir
que lo siento.por estas latitudes. Seguro que valorarían
más lo que ahora desprecian. Sólo puedo decir
que lo siento.
13 de marzo de 2004
53º07' sur / 114º 27' oeste.
Aquí la vida sigue mas o menos tranquila. Ayer rompimos
un sable de la mayor y estuvimos sin ella durante tres horas.
Hoy, el radar, conectado para localizar icebergs o ver el
rumbo de los chubascos por la noche, ha detectado una señal
por la proa. Lo normal era ver una mole de hielo por estas
latitudes, pero la sorpresa se ha producido a medida que nos
acercábamos. En realidad era un carguero.
Parecía de gas o combustible y navegaba rumbo sur,
o sea en dirección a la Antártida, donde no
hay ningún puerto capaz de albergarlo. Nos hemos puesto
en contacto por radio para preguntarle si arrastraba algún
cable para pasarlo por la popa sin peligro y ha contestado
que no, sin darnos más información. Al parecer
su acento era argentino a chileno, pero no mostraba ninguna
bandera. Todo nos ha parecido muy raro. Me pregunto si a pesar
del tratado Antártico, que impide explotar este continente
y permite sólo su uso con fines científicos,
algunos países se lo saltaran gracias a que tienen
fácil acceso a él.
Estamos a 1.600 millas de Cabo de Hornos por donde esperamos
pasar la noche de lunes a martes. De momento, conseguimos
mantenernos justo delante del frente de la borrasca, lo que
hace que naveguemos a su velocidad, 28 nudos. No queremos
adelantarlo ni que nos adelante para tener el ángulo
y la intensidad óptima de viento.
Hoy he tenido más dolores que ayer en la espalda. El
sitio justo del dolor es donde sujeta la tira del arnés,
por lo que deduzco que, al sujetarme y evitar que saliera
por la borda, fue el arnés quien causó la compresión
en las costillas he hizo que no pudiera respirar por unos
segundos.
14 de marzo de 2004
Las últimas horas han sido de ésas para olvidar:
sable roto, olas grandes que someten el material a stress
suplementario y un par de decisiones -o indecisiones- mal
tomadas que han acabado por hacer estallar y arrancar la galleta
de la mayor. El resultado es que ahora sólo podemos
navegar con el segundo rizo. Pararemos en algún sitio
protegido y en el que no haya olas para así poder subir
al palo y reparar la avería, lo que representará
un trabajo de unas 6 horas.
Aún no hemos decidido dónde resguardarnos, si
en alguna cala de Cabo de Hornos o en las Islas Malvinas (Fackland).
Hay que recordar que el reglamento del récord nos impide
recibir ningún tipo de ayuda exterior.
Intento no hacer muchos esfuerzos debido a que continúuo
con molestias en la espalda, producto de la embestida y sigo
tragando anti inflamatorios y analgésicos para poder
llevar el timón sin dolor.
15 de marzo de 2004.
Pacífico Sur
El barco ha sido un taller de reparaciones en las últimas
12 horas. Queremos evitar una parada técnica, por lo
que intentamos llevar a cabo las reparaciones navegando. Esto
supone que debemos navegar con poca vela, ya que trabajar
con taladros y demás herramientas a 30 metros sobre
la cubierta del Cheyenne no es fácil con el barco moviéndose
a 25 nudos y olas golpeándonos de continuo. Todo parece
indicar que el paso del Cabo será más tarde
de lo que esperábamos, quizá unas 8 a 12 horas
más tarde, quizá el martes por la tarde.
17 de marzo de 2004
Pacífico Sur
A las 21:00 (hora GMT) el Cheyenne tiene previsto cruzar el
Cabo de Hornos. Según nos informa Guillermo Altadill,
navegan a 20 nudos y con unas excelentes condiciones en la
mar. Un equipo de rodaje de MSL se dirige a su encuentro a
bordo de un avión para grabar imágenes y tomar
fotografías de este momento tan importante en el desafío
de batir el récord de la vuelta al mundo. En unos pocos
días podreís ver algunas de esas imágenes
exclusivas en nuestra web.
54º 12' sur / 81º 55' oeste. 14:46 GMT
Cuando las reparaciones habían terminado después
de casi 18 horas de ir alternándose las guardias, esta
madrugada de nuevo hemos tenido problemas. El carril de tope
de palo, esta vez íbamos sin rizo, ha explotado como
lo había hecho el del primer rizo, unos metros más
abajo.
De momento, seguimos navegando hacia Cabo de Hornos y dejaremos
la reparación para más tarde. Esta vez es más
difícil ya que la zona a reparar está justo
en el tope del palo y por tanto si no es con mar absolutamente
plano se hace imposible sostenerse allí arriba, a más
de 42 metros de altura sobre la cubierta, con herramientas
en las manos.
Un pequeño movimiento del barco abajo se traduce en
3 metros de balanceo violento arriba. Todo esto supone ir
perdiendo tiempo y millas con respecto al anterior récord.
Esperamos pasar el Cabo con todavía unos dos días
de ventaja, pero aún nos quedará una reparación.
De momento seguimos con vientos débiles y variables
al estar casi en el centro de la borrasca y esperamos hacer
el acercamiento a Hornos con viento del Noroeste. El barco
y el material están fatigados después de casi
17.000 millas de trabajar 24 horas al dia. De aquí
a la llegada el romper más elementos o no será
una de las claves a la hora de conservar la ventaja o perderla
definitivamente.
La subida del Atlántico con vientos de ceñida,
principalmente en la zona de los alisios, supondrá
una nueva prueba de resistencia para el material, o significará
la estocada final del Cheyenne. Sólo el tiempo nos
lo podrá decir.
18 de marzo de 2004
Guillermo Altadill y sus doce compañeros que tripulan
el Cheyenne pasaron ayer, a las 21:26 GMT, frente al Cabo
de Hornos. Lo hicieron cinco millas al sur de ese lugar tan
emblemático y con un viento costante del noroeste y
39 días, 16 horas y 16 minutos después de su
partida. El optimismo reina entre los tripulantes pues todavía
mantienen una ventaja de dos días y medio (1089 millas)
respecto al Orange I, actual poseedor del récord.
19 de marzo de 2004
Ayer a las 21:00 GMT pasamos el mítico Cabo de Hornos
con unas condiciones excepcionales en estas latitudes y pudimos
admirar lo desolado y remoto de este lugar de la tierra que
los antiguos marineros asociaban con el infierno.
Un avión del ejercito argentino vino a visitarnos y
a tomar imágenes para la posteridad, todo coordinado
y dirigido desde España por el amigo José Félix.
Los rostros pálidos se quedaron hasta extrañados
de esa coordinación en tiempo y lugar tan exacta y
es que hablar en un mismo idioma hace mucho, sobre todo si
se trata de reunir un avión y un barco en un punto
exacto a una hora determinada y ese punto es el faro del fin
del mundo: Hornos.
Y hablando de faros, mientras estamos pasando el Cabo recibo
una llamada en inglés con acento latino. Pienso que
es el del avión, pero es ni más ni menos que
el farero de Cabo de Hornos, un chileno que junto a su mujer
y dos hijos pequeños y un perro vive en una isla en
el fin del mundo. Parecen los protagonistas de una novela
de Julio Verne, pero es la realidad. Empezamos a hablar en
castellano y le explico lo que estamos haciendo, pero me parece
que no entiende nada. ¿Vuelta al mundo sin escalas?
¿Récord? ¿Que han salido de Europa por
un lado y están volviendo por el otro? ¿Eso
que llevan no es un catamarán? Él me cuenta
que vive allí todo el año, que los inviernos
son duros, que tiene una casa donde el viento no pega tanto
y que esta ahí con la familia. Por la radio se oye
una algarabía de críos encabritados. No me extraña,
¿qué haces durante 365 días al año
en Cabo de Hornos? Nos despedimos y se me olvidó preguntarle
su nombre. Con la prisas, ya se sabe.
De noche pasamos el Estrecho de Lemaire, entre Tierra de Fuego
y la Isla de los Estados, un canal de agua difícil
y con corrientes de hasta 8 nudos donde se forman olas. Pasamos
por ahí para ahorrarnos unas millas. El navegante está
nervioso, no tiene información suficiente, Steve está
igual. Yo voy a la caña y me van informando del rumbo,
el Cheyenne se desplaza a 30 nudos en un estrecho en el que
lo único que vemos son siluetas negras a ambos lados
y un intenso olor a tierra. Nuestros olfatos se desperezan
después de estar 5 semanas sin olerla. De repente me
acuerdo que durante años he tenido una carta del Estrecho
de Lemaire colgada del despacho y que cada vez que hablo por
teléfono la miro sin darme cuenta, leyendo todos sus
detalles y anotaciones del almirantazgo. Le comento al navegante
que en la salida del estrecho hay una zona de bajos fondos
que junto a la corriente forma un hervidero peligroso para
un catamarán a 30 nudos. Lo comprueba y me lo confirma.
"¿Cómo lo sabes?". Le contesto que
se lo explico luego. En 10 minutos estamos navegando tranquilos
rumbo a las Islas Fackland (Malvinas).
Había estado mirando esa carta durante años
y me conocía el Estrecho sin saberlo, sólo la
miraba cuando hablaba por teléfono por lo que nunca
me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que me encontré
en ese lugar. Los rostros pálidos por supuesto no entendían
nada.
Ha amanecido soleado, a 60 millas de las Fackland. Hasta el
cara de ganso de Justin, con el que comparto saco y cama,
cuando se levanta me parece menos cara de ganso. Llevamos
2,5 días de ventaja, volvemos hacia el norte, al calor,
a secar nuestras infectadas pieles húmedas. Qué
más queremos. Sólo hay que esperar que este
amasijo de Carbono y resina resista 20 días más,
luego como si se quiere hundir segundos después de
cruzar la línea. Glu, glu, glu, glu...
20 de marzo de 2004.
47º 05' Sur / 49º 53' Oeste.
Aprovechando que las condiciones se han suavizado hoy hemos
subido al palo a arreglar la parte del carril dañada
que nos impedía izar toda la mayor. En el primer turno
de trabajo hemos subido Justin y yo. Trabajar a 42 metros,
taladrando con una broca unos tornillos rotos mientras el
otro va tirando aceite para que no se caliente la broca, no
es fácil, sobre todo si en cada ligero pantocazo del
barco sales proyectado como el proyectil de una catapulta.
Al final y tras 8 horas hemos vuelto a poder izar toda la
mayor coincidiendo con la bajada de viento. Ahora tenemos
que cruzar un anticiclón que nos corta el paso hacia
el norte con vientos flojos de ceñida. Este tramo lo
esperamos pasar durante esta noche y mañana para luego
rolar el viento al sur, permitiéndonos ir a buscar
directamente los alisios de este hemisferio hasta el Ecuador.
Hoy mis hijos me han enviado un correo felicitándome...,
ah, ha sido el día del padre. No me acordaba.
En lo que a la parte doméstica se refiere, y como dato
meramente anecdótico, reseñar que el inútil
que calculó el consumo de gas para cocinar aplicando
la ley de Guy-Lussac o algo por el estilo y ayudado por un
ordenador Pentium de 20 megas, simplemente la cagó
y ahora sólo nos queda la alternativa de calentar ligeramente
el agua poniendo la comida en la calefacción. Ahora
puede pasar, pero en tres días, cuando lleguemos al
calor, no será posible, por lo que tendremos que inventar
otra fórmula. De momento el café, el té
o el chocolate se toman fríos y la comida "bazófica"
lo es un poco más. Gracias, iluminado, por tus provechosos
cálculos. Y saludos a tu familia.
Continuamos con 2,5 días por delante del récord
aunque en las próximas horas esperamos perder algo
para luego recuperarlo en cuanto nos lleguen los vientos del
sur.
21 de marzo de 2004
Atlántico Sur.
Los térmicos que hasta ahora forraban nuestros cuerpos
y que nos hacían parecer muñecos Michelin, van
desapareciendo a medida que navegamos hacia el norte y perdemos
latitud. Salir de la litera y vestirse ya no es una torturante
tarea de equilibrio. Correr por el trampolín ya no
es como correr por una pendiente cuesta arriba con una mochila
de 15 kilos llena de ropa mojada. Volvemos a los trópicos.
He aprovechado para secar ropa y mi propia piel después
de cuatro semanas envuelto en harapos húmedos y salados.
Resulta lamentable que en pleno siglo XXI y a punto de pisar
Marte no haya ninguna mente que invente un traje de aguas
de verdad, con hiperventilación asistida y parecido
a los del espacio que ahorre peso y sufrimientos. Creo que
sería mucho más útil que perder horas
y horas diseñando herrajes de carbono y de titanio
por ordenador que, a la hora de la verdad, con una cazadita
vuelan por los aires.
La alta presión que nos ha cortado el paso en las últimas
horas nos ha hecho perder millas sobre el récord, aunque
en las últimas hora hemos vuelto a meter el Cheyenne
en números, o lo que es lo mismo, que navegamos con
velocidades decentes: 25,26 nudos, que para esto están
hechos estos aparatos.
En las próximas horas tendremos que negociar una baja
presión situada en frente de Brasil que nos dará
vientos de ceñida por un día. Para ello navegaremos
más hacia el oeste para pasarla lo más rápidamente
posible y después esperar que los vientos alisios del
sur aparezcan pronto. Eso supondrá una de las claves
para poder sacar de nuevo una ligera ventaja.
23 de marzo de 2004
Atlántico Sur. 25º 36' sur / 37º 48' Oeste
Ahora sí que estamos en los trópicos. Después
de recorrer dos días algo más de 500 millas,
nos hemos posicionado suficientemente al norte para sentir
los efectos del verano del hemisferio sur y, enseguida, llegar
al paralelo 25 , al calor, al sol y a la primera ducha después
de 4 semanas. Justo en esta latitud pero navegando en sentido
contrario, tomé la última.
Después de enjabonarme y secarme he quedado como nuevo
y, provisto de un traje de baño y una camiseta de licra,
me encuentro en condiciones para afrontar los próximos
días de vientos alisios. Un dato cuando menos curioso:
mientras me secaba, la piel del cuerpo ha empezado a saltar
como la pintura vieja de un coche para dejar paso a una nueva
capa. En realidad, este proceso ocurre cada día en
la vida normal, pero con un periodo tan largo sin ducharse
el efecto se aprecia más.
Pasando a la parte mas técnica os puedo comentar que
hoy estamos 1040 millas por delante del récord y nos
encontramos en una zona de transición entre el viento
de una baja presión que hemos cruzado y los vientos
alisios del sur que esperamos encontrar en las próximas
horas. Pasar rápido esta transición es un factor
determinante para mantener nuestra ventaja o cuanto menos
no perder mucho.
Esperamos pasar la línea ecuatorial entre el sábado
y domingo y parece que la zona de doldrums o calmas ecuatoriales
será benévola con nuestros anhelos. De momento
la parte más crítica del sprint final puede
ser la subida del Atlántico norte con el anticiclón
de Azores como barrera a superar. Otro dato curioso: estas
condiciones son óptimas para tomar la salida del récord
pero es justo lo que no necesitamos ahora que navegamos en
sentido contrario. La información meteorológica
se sucede en la mesa de cartas con más frecuencia y
cada vez los nervios están más de punta. Una
encalmada o una decisión errónea puede dar al
traste con la ventaja que tenemos, y es que ésta es
una de las partes mas críticas de la regata contra
reloj. Aquí no se puede cubrir al rival porque éste
no existe; el adversario es sólo un puñetero
reloj que no se para y que te come los nervios.
24 de marzo de 2004
Atlántico Sur.
Estoy en el timón, el viento está entre 17 y
20 nudos, la temperatura es agradable y la noche cerrada.
Las nubes tapan toda posibilidad de ver la luna. De vez en
cuando una nube negra nos trae un poco más de viento
y algo de lluvia, la localizamos a traves del radar y sabemos
como la estamos cruzando. Voy mirando números y números:
velocidad del barco, del viento real, del viento aparente,
dirección del viento, rumbo magnético, rumbo
real... Números y más números. Veo también
otra nube negra en la proa que parece que nos traerá
más viento y lluvia de lo normal. Y me pongo a
pensar, siempre mirando los números, que tengo las
piernas flojas de no usarlas en tanto tiempo y que me voy
a comprar una bicicleta en cuanto llegue para ponerme en forma.
Pero me asalta una duda: ¿con frenos de disco o en
v? Comparo las ventajas de ambos sistemas, siempre pendiente
de los números. De repente me doy cuenta que el viento
ha aumentado hasta 35 nudos. Sigo mirando los números
y en frente compruebo que un puñado de tripulantes
enfundados en trajes de agua bajo una lluvia torrencial está
esperando a que salga alguna palabra de mi boca para reducir
trapo. Pero lo único que se me ocurre es preguntar
al tipo mas cercano (no sé quién es porque esta
tapado con la capucha): ¿tú te comprarías
una bici con frenos en v o de disco? Creo que no me ha oído
porque esta concentrado en amollar la barra de escota a tiempo.
El barco está descontrolado. Me doy cuenta que me he
quedado gripado con la bicicleta y el tipo de
frenos. Algunos números han aumentado peligrosamente
sin que me diese cuenta absorto como estaba en la bici. La
gente se muestra nerviosa y los que descansan en el interior
se empiezan a levantar (de esto me entero luego) por los enormes
pantocazos del barco ciñendo a 22 nudos contra las
olas.
“Lo siento, chicos se me ha ido la cabeza. Vamos a rizar”
Mientras hacen la maniobra no puedo quitarme el asunto de
los frenos de la cabeza, y también el tipo de suspensión.
Creo que tienen algún problema con el cabo de rizo.
Pero, puñeta, yo sí que tengo uno
y gordo. ¿Qué hago al final con lo de los frenos?
Es que nadie me va a aconsejar?
27 de marzo de 2004
Ayer noche cruzamos el meridiano 32º Oeste, por lo que
físicamente hemos completado la vuelta al mundo ya
que ha sido el primer meridiano que cruzamos dos veces, en
la bajada y en la subida. Los vientos alisios del sur se hacen
más pesados en la subida ya que el ángulo de
viento, entre 70 y 90 grados, hacen que el barco salte por
las olas, además la temperatura es alta, pero hay que
llevar traje de aguas, o lo que queda de ellos, y no podemos
abrir las escotillas debido a las olas. En el interior hay
una humedad pegajosa mezclada con calor que no te deja descansar
y a veces es mejor
salir a la cabina exterior para respirar aire fresco y cerrar
los ojos durante unos minutos, con el riesgo de que te pisen
en la cara si es de noche y algún miembro de la guardia
de cubierta no ha notado que hay un cuerpo humano a 20 cm
de sus narices.
Esperamos cruzar el ecuador el domingo al mediodía
para encontrarnos con los alisios de norte y con ángulos
al principio más cerrados, o sea más saltos
en el toro mecánico llamado Cheyenne. La estrategia
es seguir los alisios hasta que una borrasca que cruce el
Atlántico por el sur nos dé vientos del sur.
En los mapas a largo plazo parece que esto ocurrirá,
pero una alta presión que situará en España
a finales de la semana que viene puede que nos corte el paso
y tengamos que ceñir con vientos débiles hasta
la llegada. Tendremos que esperar a que esta situación
esté más cerca en el tiempo para confirmarla.
A algunos tripulantes los efectos de humedad, el calor, la
sal y la transpiración les
está provocando infecciones en la piel. Sin ir mas
lejos a mí en las posaderas. También a Brian
le ha aparecido un forúnculo infectado en la rodilla.
Lo peor de todo es que va en pantalones cortos y si coincide
que estás comiendo en ese momento tu ración
de pasta a la boloñesa te amarga el ágape ya
de por si asqueroso.
Hablando de cosas mas agradables, el color del mar ahora es
de un azul intenso y brillante que contrasta con el blanco
de las olas. Hoy me he dado cuenta que ningún día
desde la salida el color del mar ha sido igual, variando continuamente
según el viento, las nubes, la humedad, el frío...
El Índico es más verde que el Pacífico
y el Atlántico es mucho más azul que los otros
dos. Con tantos días seguidos en el mar los ojos son
capaces de diferenciar cientos de tonalidades del color del
mar igual que los esquimales hacen con el hielo. Cuando lo
empiece a ver del color del crudo, de la hacinación,
de la contaminación, de la porquería... eso
significará que llegamos a Europa. Que estamos cerca
de la meta.
29 de marzo de 2004 (1º)
Atlántico Norte.
Estamos con los alisios del norte después de negociar
una molesta franja de doldrums antes y después del
Ecuador. Ayer la mayor tuvo que ser reparada al comprobar
que una costura había reventado y amenazaba con seguir
la trayectoria y rajarse del todo. Se cosió a mano
con tres tripulantes en la botavara. También el ordenador
desde donde enviamos y recibimos los correos personales ha
dicho “basta” con lo que a partir de ahora y hasta
la llegada, tendré pocas posibilidades de ponerme en
contacto con vosotros puesto que los otros dos ordenadores
que siguen con vida son imprescindibles para la navegación
y para recibir información meteorológica, algo
que, como comprenderéis, resulta esencial para este
último sprint hasta la llegada.
29 de marzo de 2004 (2º)
Atlántico Norte.
...Y de repente un “crak” proveniente de la proa
del casco de estribor y escuchado por Jack mientras hacía
sus necesidades -el baño queda en la proa en el Cheyenne-
, ha disparado la alarma esta tarde. El rodamiento sólido
del travesaño articulado de proa, que soporta el stress
de todo el barco incluida la jarcia, se estaba degradando
poco a poco, pero en las ultimas horas, y debido al ángulo
de viento y olas a que nos somete el Alisio del norte, la
cosa ha empeorado. Hemos parado el barco y evaluado los daños.
De ahora en adelante y especialmente en los próximos
dos días, incluso en régimen de Alisios, tendremos
que revisar la zona cada dos horas. Si la rotura aumenta,
tendremos que ir al puerto más cercano y se acabó
el récord. Posibilidades de que pase: 50%.
De momento, y en previsión de una rotura total que
traería aparejada la caída del mástil
está prohibido que la guardia de standby descanse en
sotavento, la zona de entrada al canopy, ya que es una zona
donde probablemente aterricen los 42 metros de palo con sus
3 toneladas de jarcia y velas.
Si conseguimos enlazar con una borrasca que atraviesa y que
se sitúa en el paralelo 20º sur, tendremos vientos
de popa prácticamente hasta la llegada. Si no la conseguimos
coger, nos tocarán vientos de proa y las posibilidades
de llegar con el barco de una pieza serán remotas.
1 de abril 2004
Atlántico norte
Quedan 2.300 millas para la llegada y sólo tenemos
que aguantar el barco de una pieza para batir el récord.
Las condiciones meteorológicas de los próximos
días no pueden ser más favorables a nuestros
deseos y todo indica que la llegada puede tener lugar durante
el día 6. De ser así, podríamos rebajar
en cuatro días el actual récord y acercarnos
a los 60 días.
De momento aún estamos en régimen de alisios
aunque la temperatura ha disminuido substancialmente lo que
hace que, sobre cubierta, aparezcan los trajes de agua completos.
2 de abril 2004
Atlántico norte
Quedan 1300 millas para cruzar la línea de llegada
y navegamos a 25 nudos con rumbo directo a Ouessant. Dos veces
en cada guardia se revisa el travesaño de proa para
comprobar que la avería no ha ido a más. También
en las ultimas horas hemos subido dos veces al palo para lubricar
la galleta de la mayor, pues presenta diferentes fisuras a
causa del stress. Cualquier ruido sospechoso de rotura pone
en alerta a la tripulación aunque sea el golpear la
cacerola de la comida con una cuchara para limpiarla. Ahora
todo el mundo está con la psicosis de la rotura, incluso
alguien comentaba la posibilidad de establecer una velocidad
máxima por si colisionamos con algún objeto
flotante que pueda dañar orzas o timones. Que nos olvidásemos
de tonterías ha sido mi sugerencia. En esto, el mejor
remedio es ir muy rápido. Menos tiempo en el mar equivale
a menor número de posibilidades de romper, así
que cuanto antes lleguemos mejor y se rompe, pues se ha roto.
Así es este juego.
De momento y según las previsiones meteo podríamos
llegar la madrugada del
lunes, lo que representa estar dentro de los 58 días.
Habrá que esperar 72 horas para saberlo.
4 de abril 2004
Camino de la meta.
Una ligera brisa del Suroeste nos ha permitido trasluchar
antes de llegar a Finesterre. Desde aquí, sólo
390 millas nos separan de la meta en Ouessant donde llegaremos
a primera hora de la mañana del lunes después
de 58 días de navegar alrededor del mundo. 25.000 millas
de competición contra el reloj y 318 maniobras (entre
trasluchadas, rizos, peelings y viradas) Como decía
al iniciar este récord, nuestros ojos se han acostumbrado
a distinguir entre los infinitos colores del mar, las diferentes
tonalidades del cielo... pero lo que más han visto
en estos dos meses de navegación son números,
cientos de números, miles de números, números
que para más fastidio tienen formato digital. Así
de tecnológico y de poco romántico. A lo mejor
desilusiona a aquellos que piensan que navegar alrededor del
mundo es algo maravilloso, una experiencia religiosa o la
mejor forma de encontrarse a uno mismo. Pues no será
en un catamarán de 120 pies, no ha estas velocidades,
no en 58 días, no después de que te pasen por
los ojos 22.000.000 millones de números sin darte cuenta.
En una entrevista alguien me preguntaba si navegar alrededor
del mundo hoy día ha perdido espíritu de aventura
a causa de los adelantos electrónicos, en la navegación,
las comunicaciones y de toda esa información en forma
de números. La respuesta es simple: el Índico,
el Pacífico, el Atlántico, los hielos, las borrascas,
los anticiclones, incluso los albatros, son los mismos desde
siempre. Sí que una cosa ha cambiado radicalmente.
Es el tiempo que se invierte en cruzar esos océanos.
Desde mañana, a primera hora de la mañana, el
Mundo, aquella bola de colores donde reinaba el azul que nos
regalaron en la infancia, nos parecerá un poquito mas
pequeño a pesar de sus 40.000 kilómetros de
diámetro.